“Un patriota es el amigo de la América y de la libertad”. Fray Camilo Henríquez González, El Catecismo de los Patriotas (El Monitor Araucano, periódico chileno del 27 de noviembre de 1813).
Este
fraile de la orden de los Ministros de los Enfermos Agonizantes o “de
la Buena Muerte”, entre otros acontecimientos, nos recuerda a un
chileno valdiviano, sacerdote, escritor y político que en 1809 fue
testigo de los acontecimientos libertarios en la ciudad de Quito, quien
además, con sus ideas y con “su pluma”, apoyó la doctrina de la
independencia y la emancipación de la península ibérica,
acontecimientos que se plasmaron en el Primer Grito de Independencia de
América, el 10 de Agosto de ese año. Un año después, la feroz represión española, del 2 de Agosto de 1810, sufrida por los quiteños independentistas, obligó a Camilo Henríquez a regresar a Chile, donde impresionado por estos sangrientos acontecimientos escribiría más tarde su obra dramática Camila o La Patriótica de Sud América. Esta pieza de teatro de cuatro actos se refiere a la vida de una subyugada familia quiteña, que huye junto con su hija Camila de la persecución realista
Más tarde en 1812, este fraile chileno,
siendo secretario del Senado, en recuerdo de su paso por Quito logró
colocar en el faro de Valparaíso, principal puerto marítimo de Chile,
una placa con la histórica y posteriormente conocida frase: “Quito, Luz
de América”.Las ideas de libertad, como las del chileno Camilo Henríquez, reconocido posteriormente como el “Padre del periodismo chileno”, no hay duda que resultaron fundamentales en la emancipación de América. Estas ideas, como también las de Francisco de Miranda, fueron puestas en ejecución por un grupo reducido de hombres y mujeres, que a la postre resultaron ser los Padres de la Patria de sus respectivos países, o por lo menos los idearios de su independencia de la corona española.

Acercándonos un poco más a la Batalla de Pichincha, establecido en Cuenca, encontramos a otro chileno, José María Vásquez de Noboa, abogado, nativo de Concepción (ciudad al sur de Chile). Vásquez de Noboa, junto con otros patriotas cuencanos, impulsó y dirigió el movimiento emancipador del 3 de Noviembre de 1820, proclamando a los pocos días la “Constitución de la República de Cuenca”, siendo elegido presidente de la Junta Suprema de Gobierno.

A inicios del año 1822, cuando aún no se decidía la suerte definitiva de Guayaquil y las tropas del libertador Simón Bolívar al mando del general Antonio José de Sucre luchaban por expulsar a los realistas de las provincias interandinas (actual Ecuador), otras fuerzas, peruanas, argentinas y chilenas, conocidas posteriormente como la “Expedición Auxiliar a Quito”, al mando del general Andrés de Santa Cruz, enviadas por el protector del Perú, José de San Martín, avanzaron también en dirección a ese teatro de operaciones.
La fuerte y tenaz resistencia realista en la zona y la necesidad de liberar a Quito lograron unir a ambos ejércitos, y al mando del general Antonio José de Sucre, el 24 de Mayo de 1822, derrotan definitivamente a los Realistas en la Batalla de Pichincha, en las faldas del volcán del mismo nombre y a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar.

En esta batalla, entre muchos soldados americanos y europeos, también se destaca la figura de otro chileno, el capitán Manuel Joaquín Jordán, incorporado en 1820 al Ejército del general Sucre, quien recompensó sus servicios en los términos siguientes, al dirigirle una carta al general Bernardo O’Higgins Riquelme: “Quito a 8 de julio de 1822. Excmo. Señor. El teniente coronel graduado, capitán Manuel Joaquín Jordán que sirve a Colombia veintiún meses, regresa a su patria con la gloria de haber concurrido a los combates que han terminado la guerra de la República. Yo faltaría a un deber justo si no hiciese a V. E. la recomendación más expresiva de este oficial benemérito. Su conducta lo ha hecho acreedor al aprecio de todo el ejército y a una distinción particular. Ha sido mi edecán dieciséis meses, y ha cumplido su destino con el valor y el concepto dignos de un oficial chileno…” (Diego Barros Arana, Historia General de Chile, Tomo XIII, segunda edición, junio del 2005, pp. 520 -521).

Finalmente, retomando las palabras de Camilo Henríquez, la Batalla de Pichincha, que celebramos el 24 de Mayo, marca, sin duda, un “antes y un después” en las relaciones ecuatorianas y chilenas. Un “antes”, donde el patriotismo americanista nos unió, tímidamente pero sin equivocarnos, y un “después”, porque a partir de ese evento histórico, hemos fortalecido –ahora con mayor fuerza y plena confianza– una relación de hermanos inseparables, un ejemplo para el mundo entero de “amistad entre patriotas”.